El buen precio del amarre en el Reial Club Nàutic de Tarragona también nos sorprendió como el día anterior. Ojalá fuera así siempre.

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Nos hicimos a la mar sin nada de viento y una superficie completamente plana. No había más opción que iniciar el regreso de esta travesía a motor. Aprovechamos estas condiciones para navegar más cerca de la costa. Poco a poco unas enormes nubes oscura fueron agrupándose a nuestra popa. Aunque lo hacían de forma tan lenta que apenas se notaba un ligero incremento en el viento, no dejamos de quitarles el ojo. Doblado el cabo Gros, el viento de popa ya había subido lo suficiente como para quitar el motor y navegar a vela. Alguna gota suelta comenzaba a visitarnos en cubierta.

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A la altura de Segur y diez millas de nuestro destino, el viento aumentó. Precavidamente cogimos dos rizos en la mayor y encendimos el motor. Diez minutos después la tormenta descarga sobre nosotros toda su agua y viento. Ráfagas de más de 25 nudos nos hacen difícil arriar la mayor para seguir sólo con la pequeña génova. Una hábil maniobra del capitán tumbando el barco nos hace aproarnos y permitir bajar la mayor. Ya sólo quedaba tomar la eterna decisión: capear o correr el temporal. Aunque suponía volver a tumbar el barco de nuevo y empopar, a propuesta de Lidia decidimos correr la tormenta hasta nuestro puerto de destino.

Como nos había pillado la tormenta a la hora de comer, lo primero que hicimos al llegar fue preparar la comida. Tras acabar con las últimas provisiones, ordenamos el barco e hicimos la entrega.