2009 Mar del Norte &TravesÃas 07 Ago 2009 11:23 pm
Zierikzee-Veere (07/08/2009)
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Singladura naranja
La ruta de hoy iba a ser corta asà que aprovechamos para recorrer la ciudad y hacer algunas compras. En Zierikzee hay un museo de embarcaciones clásicas. Para Juan Luis es muy curioso la adecuación de los barquitos holandeses a navegar en poca profundidad sin quilla y con orzas.
El sitio era encantador, pero habÃa que partir y dejar nuestro privilegiado amarre.
Nada más comenzar habÃa que cruzar uno de los puentes más largos de Holanda. Los abren a horas determinadas asà que hay ocasiones en que nos juntamos bastantes embarcaciones, máxime cuando se saltan algún horario de apertura para no afectar al tráfico rodado en hora punta.
Nos apetecÃa navegar, asà que después de entrar al Veerse Meer nos pusimos a ceñir. Su estrechez y el intenso tráfico de recreo nos obligaba a realizar continuos bordos. En el último tramo nos encontramos con un barco turÃstico de excursiones de dÃa, bastante grande para el tamaño del Veerse Meer. Tuvimos que hacer maniobras con este «crucero» en varias ocasiones para evitar que nos abordara.
La entrada a puerto muy estrecha (pero muy, muy estrecha) lleno de barcos abarloados unos a otros. Y con el viento perpendicular que soplaba Koert tenÃa dudas sobre si era buena idea entrar allà o no. Como vió a varios veleros entrar y no escuchamos gritos de ningún tipo, y no volvieron a salir, pensó, a la aventura, y saldremos de esta también, y asà fue. Veere todo un acierto. Hasta al padre de Koert le costó creer que estábamos allÃ, en el puerto histórico, en un sitio «tan pequeño» en sus recuerdos. En esta ocasión le tocó a Lidia en el timón.
Al ser temprano nos dimos una vuelta por el pueblo …
… y sus alrededores.
Por la noche nos pegamos un homenaje en el barco a la espera de que Óscar se uniera a la tripulación, traÃdo por los padres de Koert, con quienes disfrutamos de unas jenevas y unas cervezas.
Cuando se fueron no tuvimos más remedio, para sobrellevar la pena, que irnos al pub del club náutico donde nos pegamos una gran juerga (primer gran susto de Óscar) con otras tripulaciones, en otra demostración de comunión hispano-holandesa, o cervecero-ginebrera, Juan Luis no está seguro. Como recuerdo de aquel momento, en casa MarÃa tiene el santo grial (mini vasito) de Jenever del bar del club de veleros. Este es uno de los momentos que más le ha gustado a Lidia de la travesÃa. Con lo poco juerguista que es se lo pasó como una enana. Cuando cerraron el bar debimos terminar la juerga entre nuestro barco y el de al lado, al que MarÃa se pasó.
Curioso que las tres tripulaciones que quedamos en el bar hasta el final, de todo el puerto tuviéramos los barcos amarrados juntos …
Curioso que a todo el mundo le parecÃa increÃble que en un barquito tan pequeño viajáramos los seis.
Y curioso también que el resto de los de los barcos vecinos (a excepción de los compañeros de cantina) no nos mataran debido a la juerga que duró hasta las 5 de a mañana.







