2006 Golfo de Valencia &TravesÃas 10 Sep 2006 10:24 pm
Denia – Jávea – GandÃa – Valencia
La mañana alumbró tardÃa en Denia. El Capitán Barceló habÃa hecho de las suyas la noche anterior, pero fue derribado a base de machetazos, trabucazos y un poco de agua para ahogarlo en sucios vasos de plástico.
A media mañana partimos hacia Jávea. Pusimos proa en busca de la tÃa de Juan.
Para entonces, ya habÃamos aprendido qué eran babor y estribor, palabras que todos sabemos que vienen del barbastrense y no del noruego, como otros nos quieren hacer creer. Y ya no preguntábamos por la jaula cuando el capitán nos ordenaba liberar el PajarÃn.
Arribamos a una cala de Jávea en calma total. Los barcos que fondeaban en ella nos miraron atónitos, los gritos infundados de desesperación provenientes de nuestra cubierta les estremecieron: “¡¡que les damos, que les damos!!â€. Pero no fue asÃ.
Tras anclar la proa, sacamos los aparejos que todo barco pirata debe tener: gafas de buceo, aletas y…. winki dinki. Sólo los lobos de mar saben qué es el winki dinki. Dos expertos marineros se lanzaron intrépidos hacia la costa subidos en él. ParecÃa el Craken, pero consiguieron dominarlo. El resto de la tripulación respiró aliviada al ver que regresaban con vida. Sólo habÃan chocado contra seis barcos en derredor.
Después de una opÃpara comida, pusimos rumbo a GandÃa. El dÃa comenzaba su lento crepúsculo y partimos raudos hacia nuestro destino. Tuvimos que realizar todo el viaje de vuelta con la ayuda del motor.
Arribamos a puerto más tarde de lo esperado. Echamos una última mirada nostálgica a nuestra morada pasajera. A unos nos aguardaba un duro viaje de vuelta a la Ciudad del Ebro mientras que el Capitán y su doncella partÃan hacia Valencia para despedirse del Lofts.
Con la tristeza de las cosas que se acaban, la pequeña tripulación
retomó su quehacer en la nave. Mientras Lidia y Jorge preparaban el
barco para una navegación nocturna y «a tres», Koert con buen criterio
se aseguraba de secar completamente la sentina por si hubiera que
detectar alguna incidencia durante el último tramo de nuestra
travesÃa.
El estado de la mar nos permitÃa una agradable navegación en rumbo
directo con la mayor y motor, ya que nos quedaban 25 millas y eran más
de las 19h. Con las estrellas llegó el fresco, y con la Luna el
recuerdo del capitán de haber visto en la carta alguna señalización
cerca de la costa. Bajamos a la mesa de cartas, confirmamos nuestra
posición y revisamos las balizas en la carta, que no parecÃan
corresponderse con alguna que veÃamos en cubierta. Preventivamente
modificamos ligeramente el rumbo y nos mantuvimos alerta hasta haber
superado la zona señalada en la carta. Esta tarea nos llevó a la hora
de la cena sin enterarnos. Después de arañar nuestra vacÃa despensa,
con dos latas y un gazpacho Lidia fue capaz de inventar una cena en
cubierta que iluminamos con las linternas y … una botella de cava
que milagrosamente habÃa sobrevivido sin ser bebida.
Mientras Koert bajaba de nuevo a buscar pistas en la carta para
identifica el puerto en obras al que nos dirigÃamos, Lidia se puso a
la rueda y yo recogà la mesa de cubierta con lo que habÃamos usado
para cenar y lo bajé. Al subir de nuevo observé que una de las luces
rojas que parecÃan en la costa se movÃa … y cada vez más rápido.
Pasaron unos segundos hasta que los ojos se habituaron a la oscuridad
y entonces … la sombra de un barco crecÃa bajo esa luz. Asustado
grité mientras corrÃa hacia el timón que acababa de dejar Lidia … ¡
Lidia, que esos salvajes van sin luces y se nos echan encima! y viré
bruscamente. Ella, tranquila desde la escalera comentó «Ah, te
refieres a esos … hace un rato que les he visto!». Menos mal que
todo estaba bajo control, pero tardé un rato en que se me pasara el
susto. Era un barco a motor, sin luces de posición salvo una pequeña
roja, sin luces de cubierta e iba a buena velocidad. ParecÃa militar o
de la benemérita.
Llegamos al punto donde debiera estar la bocana del Real Club Naútico
de Valencia, pero con las obras no habÃa quién se aclarase. decidimos
recorrer muy despacio y con mucho cuidado todas las obras, iluminando
con linternas cualquier cosa. Después de un rato creÃmos saber cuál
era la entrada y maniobramos con extremo cuidado. Todo salió perfecto,
incluso el atraque.