2009 Mar del Norte &TravesÃas 04 Ago 2009 11:23 pm
Herkingen-Willemstad (04/08/2009)
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Singladura roja
Lo primero que tenÃamos que hacer era adaptarnos a la rutina matutina de los puertos deportivos holandeses.
Después pasamos nuestra primera esclusa, donde hubo ademas de la multitud de veleros una barcaza negra que también tenia que entrar.
Una vez en aguas de la Oosterschelde se nos quedo el motor sin agua de refrigeración, por lo izamos la mayor en tiempo récord para poder entrar en el puerto de refugio a vela. Estábamos al principio y no Ãbamos a arriesgar, asà que avisamos a la empresa para que mandara a la asistencia y atracamos en el puerto comercial de Bruinisse.
Al final la averÃa no resulto ser de demasiada envergadura, y seguimos con el paso por la segunda esclusa, pero no sin haber pasado largas deliberaciones sobre la altura del palo. Ademas esta esclusa es única ya que es capaz de mantener separado el agua salada del agua dulce.
Este primer dÃa de enfrentarnos a los temibles gigantes (no son gigantes, mi señor d. Quijote, son esclusas) fue de cierto respeto ante algo desconocido y potencialmente peligroso si las maniobras no se realizan con el debido cuidado.
En el tramo sigueinte pudimos probar los dos espinakers, mientras tuvimos al lado las gabarras de la ruta Antwerpen – Rotterdam. Una vez pasada la tercera esclusa (nuestro record en un dia), pudimos enfilar a Willemstad.
En la bocana del puerto de Willemstad estaba atracado un barco crucero fluvial suizo (Willemstad esta en el agua dulce de los grandes rÃos que vienen desde Suiza). Era difÃcil creer que el crucero no habÃa taponado toda la entrada a Willemstad, y luego mas adentro requerÃa un acto de fe para pasar las murallas y entrar al puerto interior. Fue impactante para algunos pues era la primera vez que atracábamos en mitad del pueblo al final de un estrecho canal natural de entrada que se abrÃa para acoger algunos barcos abarloados. El puerto como tal estaba en otro lugar cercano. Es una agradable sensación salir del barco y estar ya en el pueblo.
La estrategia de saltar del barco directamente al restaurante fue acertado ya que tuvimos un sitio excellente en una de la terrazas del puerto. Ademas este restaurante estaba especializado en buenos vinos, los tenian de varios tipos «los que entran bien», «los elegantes», y «los fresquitos». Tras la cena tuvimos una divertida velada en el pub local donde comprobamos por primera vez el buen rollo entre holandeses y españoles y hasta nos pidieron que pincháramos algunas canciones españolas.




