2005 Costa Brava &Travesías 15 Sep 2005 01:15 pm

Francia

Port Vendres Navegamos por el golfo de Leon. Tramontana 3 de mañana y 5 de tarde. Comida y baño en Port Bou. Ferry y boya al llegar

Port de la Selva – Port Vendres

El día se presentaba anticiclónico y hacía más bonito aún un pueblo precioso como es Port de la Selva. Aprovechamos su playa cobijada y su puerto para practicar maniobras de atraque. Me gustó mucho, pues nunca las había hecho al timón y empezaba a ser conveniente que todos supiéramos.

Abandonamos la seguridad del puerto. Y allí estaba esperándonos, la tramontana, mientras soplaba en dirección contraria al rumbo a seguir. Toda la mañana la mar estuvo en calma, por lo que disfrutamos mucho de la navegación, pero a pesar de las millas recorridas el avance era escaso. Algo parecido le pasó al que sería Felipe II, aún príncipe, al surcar estas aguas en la misma época, pero casi 5 siglos antes, concretamente en 1548. El cronista del viaje, Juan Antonio de Tassis, informaba al superministro Granvela de que no pudiendo avanzar en la jornada más de 25-30 millas, deciden tomar tierra de nuevo. En nuestro caso, y siendo ya hora de comer, optamos por hacer lo mismo y fondear el la cala donde se incrusta Port Bou. Nunca me imaginé que nuestra conocida conexión ferroviaria con Francia estuviera en un lugar tan encajonado.

Al volver a hacernos a la mar, la tramontana había aumentado, cosa que seguiría haciendo el resto del día. Al caer la tarde ya soplaba a 25 nudos y escorábamos bastante en nuestro rumbo de ceñida. Divisada la boca del puerto, María se dispuso a entrar y … en ese momento un ferry comienza a hacer su salida. Llamamos por radio a puerto y no nos contesta ni Blas. El rumbo no lo podíamos mantener y seguir fuera con ese viento no era muy agradable. Sólo contestó el capitán del ferry para decirnos que él, salía. Como era un «poco» más grande que nosotros, decidimos cambiar rumbo y alejarnos, a pesar de lo que nos había costado avanzar y que la noche estaba casi encima.
No habían pasado ni 3 minutos cuando, entre ola y ola, aparece una boya de pescador. Nos la comimos. Y la nasa que tenía quedó enganchada al timón. En esas condiciones, pensar que podíamos estar con el timón inutilizado, nos hizo tener un chute de adrenalina … güeno, güeno. Zafarrancho para reducir carga en las velas. Pulso de María en la caña, y equilibrismos de Koert por la popa con ayuda de Lidia. Afortunadamente pudo desenganchar la nasa con el bichero.

Cuando finalmente entramos en puerto, las olas eran tan fuertes que lo hicimos haciendo surf con el casco. Nos habíamos ganado una cena francesa como Neptuno manda.

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